Resulta extraño, a día de hoy, encontrar a alguien que siga usando un arcaico teléfono móvil con teclado físico o que no disfrute de las facilidades que ofrece la incorporación de Internet a su terminal porque, ¿quién no tiene un Smartphone a día de hoy? Sin embargo, la mayor parte de los usuarios no se encuentren preparados para gestionar todas las opciones que ofrecen estos pequeños aparatos que, cada día, parecen encerrar un riesgo más elevado. ¿Nos paramos a leer las condiciones de uso de las aplicaciones y juegos que descargamos gratuitamente? ¿Pensamos que pueden acceder a nuestra agenda de contactos o a nuestras fotografías? ¿Nos gusta que puedan localizarnos en cualquier momento? ¿A quién permitimos llegar hasta nuestros datos más personales?

Todas las aplicaciones móviles, según aprobaron las autoridades europeas, deben tratar los datos de sus usuarios conforme a la Ley Orgánica de Protección de Datos y a la normativa europea. Además, se ha subrayado la necesidad de obtener el consentimiento previo del usuario que, por otra parte, debió ser informado adecuadamente.

En cuanto a esto último, en muchas ocasiones, nos vemos en la tesitura de que las apps nos ofrecen únicamente la opción de marcar una casilla  que indica que aceptamos los términos y condiciones de uso, sin permitirnos rechazarlas. Es obligatorio que, en todo caso, se le ofrezca al ciudadano la posibilidad de elegir y, lo ideal, sería que existiese la opción de seleccionar a qué zonas o componentes del software del terminal estamos dispuestos a que se acceda y a qué partes no.

El ciudadano debe ser el dueño del control de sus datos, por ello, los desarrolladores de las apps deben informar previamente del tratamiento de datos que implica su servicio para que el consentimiento sea válido y no forzado o desinformado. Por esto, el responsable del tratamiento debe ofrecer explicaciones acerca de quién es, qué datos tratará y con qué fines, además de aclarar si existe la posibilidad de ceder estos datos a terceros y especificar de qué forma puede el usuario ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición.

Como sabemos, los riesgos para la privacidad se disparan en el caso de los teléfonos móviles y sus aplicaciones, ya que se trata de un proceso en el que intervienen un gran número de agentes. A pesar de eso, cada uno de ellos debe tener presente la normativa de protección de datos y la responsabilidad de preservar la intimidad de los usuarios, muy por encima de la innovación o la mejora de las apps.

Sólo si los desarrolladores y distribuidores de apps cumplen con la normativa y los usuarios se informan debidamente de los riesgos que corre su privacidad en estos casos, los datos personales estarán a buen recaudo.

 

Lucía Calviño

Resp. Dpto. Comunicación

 

 

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