Todos estamos de acuerdo con que el uso de Internet y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se están erigiendo como uno de los factores de máxima presencia en el día a día de la mayoría de los ciudadanos. Poco importan la edad o el perfil social, pues prácticamente todos nos hemos visto tentados por las compras online, los reclamos del “me gusta”, lo vistoso de las redes sociales, los chats, los mensajes instantáneos o la facilidad de uso y los óptimos resultados de los motores de búsqueda. Sin embargo, pocos han llegado a cuestionarse por qué motivo empresas del tamaño de Google o Facebook nos ofrecen sus servicios de manera gratuita.

Todas nuestras gestiones a través de la red dejan un rastro que, de forma alguna, señala de forma inequívoca hacia nuestra dirección. En ocasiones, topamos con información personal asociada a nuestro nombre, la cual no somos conscientes de haber cedido o, en la actualidad, está obsoleta. No obstante, toda la actividad en la red se traduce en  la creación de una especie de perfil digital que perdura en el tiempo y que, llegado el caso, es de extrema dificultad eliminar. A pesar del riesgo que ello conlleva, en rara ocasión nos paramos a leer lo que disponen “los términos y condiciones de uso” y, definitivamente, nos parecería disparatado no formar parte de la “realidad en la red”.

Todos deberíamos cuestionarnos si queremos ceder nuestra información personal y, lo que es más importante, para qué fin queremos cederla. Probablemente, muchos de nosotros aceptaríamos que usen nuestra información para ofrecernos servicios más personalizados y, sin embargo, nos opondríamos a la posibilidad de que estos mismos datos sirviesen para descifrar nuestro patrón de comportamiento o para seguir nuestra pista allá donde vayamos. Si bien es cierto que en la actualidad, los gustos de un determinado usuario están siendo de ayuda para ofrecerle publicidad de acuerdo a sus gustos e intereses, es desconcertante plantearnos lo siguiente: ¿quién nos asegura que esos mismos datos personales que maneja una empresa privada no se van a usar en un futuro para otro fin completamente distinto?

En nuestro país están aumentando el número de quejas que se presentan diariamente  ante la Agencia de Protección de Datos, hecho que aviva nuestra sensación de pérdida del control de los datos personales en Internet. Antaño, cuando nos referíamos a información personal solíamos pensar en nombre y apellidos. La realidad 2.0. nos recuerda que las fotos que subimos a las comunidades sociales, el nombre de usuario en red o la IP que nos identifica, también son datos personales que debemos proteger.

¿Está la Ley Orgánica de Protección de Datos preparada para esta nueva realidad? En el siguiente artículo del portal de noticias de RB Soluciones, lo analizamos contigo.

 

Lucía Calviño

Resp. Dpto. Comunicación

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