Para garantizar la protección de los datos personales, existen una serie de directrices que procuran el uso adecuado de la información por parte del responsable del tratamiento. Se busca asegurar la calidad, la seguridad y el secreto de estos datos.

La primera de estas directrices es el deber de proporcionalidad. Cuando nos piden datos personales deben ser únicamente los que se necesitan de manera estricta. Esto es, debemos analizar qué datos nos están pidiendo y para qué fin, asegurándonos de que no sean más de los que requiere el proceso en cuestión. Por ejemplo, si nos tienen que enviar un folleto publicitario a casa, nos deben pedir únicamente los datos para el envío. Si la publicidad aspira a ser personalizada, nos pedirán un mayor número de datos. Además, la finalidad para la que se va a usar nuestra información personal tiene que ser, en cualquier caso, la que nos han comunicado. No es lícito, en ningún caso, que cedamos nuestros datos para un fin concreto si descubrimos, con posterioridad, que se usaron con otro fin sin nuestro consentimiento previo.

Igualmente, es fundamental que los datos personales registrados sean correctos y que reflejen con exactitud la situación real de los afectados y, si esto no fuese así, deberán ser corregidos inmediatamente. De la información registrada van a depender cuestiones tan importantes como la asignación de una beca o la inclusión en un fichero de morosos.

Además, cuando los datos personales dejen de ser necesarios y ya no se vayan a usar para el fin para el que fueron recogidos tienen que ser cancelados. Aun así, esta cuestión es compleja ya que, en ciertos casos, deben conservarse durante un tiempo, como ocurre con los historiales clínicos o académicos y, además, debe considerarse el derecho al acceso.

Con el fin de garantizar la seguridad de los datos, el responsable del tratamiento debe asegurar la confidencialidad de los mismos, los cuales sólo serán conocidos por las personas autorizadas. También debe velar por la integridad de la información, es decir, certificar que no va a sufrir modificaciones a través de contraseñas que restrinjan el acceso a las personas autorizadas. Además, es fundamental que exista una copia de seguridad que, en caso de accidente, avale el acceso a los datos.

Por último, el secreto es un deber fundamental para el correcto cumplimiento de la LOPD. Cualquier persona que acceda a un sistema que contenga datos personales y que esté sujeto a lo dispuesto en materia de protección de datos, debe respetar el deber de secreto. Esto explica, por ejemplo, las restricciones en la información que nos ofrecen acerca de cualquier persona que esté ingresada en un hospital.

Si prestamos atención a estas directrices respecto al tratamiento de los datos personales y seguimos las indicaciones de los expertos, el control de nuestra información estará asegurado.

 

Lucía Calviño

Resp. Dpto. Comunicación

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